Elías Cime, originario de la zona maya de Quintana Roo, vivió seis años en Estados Unidos. Su experiencia refleja que la vida en el vecino país no es tan sencilla como muchos imaginan. El migrante recuerda largas jornadas bajo el sol en la construcción y turnos agotadores en restaurantes, donde la exigencia física y la presión laboral eran parte de lo cotidiano. “Uno tiene que cuidarse mucho porque cualquier descuido en el trabajo puede costar caro. No es como piensan, allá también se sufre”, señaló.
Aunque reconoce que en Estados Unidos existe mayor acceso a servicios de salud a través de seguros y apoyo de los empleadores, Elías subraya que no todo es garantía. “Si te enfermas o te accidentas, el patrón tiene que llevarte al doctor, pero mientras tanto el riesgo siempre está. Hay compañeros que se lastiman en la construcción y aunque reciben atención, el esfuerzo físico es muy fuerte”, compartió.
Para quienes sueñan con migrar, su testimonio es claro: el sacrificio es grande y no todos logran adaptarse al clima, al ritmo de trabajo ni a la lejanía de sus familias. “Allá hay comida mexicana, allá hay clima en los trabajos, pero lo difícil es lo que no se ve: el esfuerzo, el cansancio y la soledad. No cualquiera aguanta”, concluyó.