Dziuché conserva un edificio de 65 años: antes de pensar en demolerlo, urge rescatarlo

Un edificio con aproximadamente 65 años de historia permanece en el abandono en Dziuché, comunidad de José María Morelos. Su deterioro abre una pregunta necesaria: ¿por qué pensar en demoler una construcción singular cuando todavía existe la posibilidad de rescatarla, rehabilitarla y darle un nuevo uso en beneficio de la población?

Don Leonardo, conocido por los habitantes como Don Neno, tiene 75 años y ha sido testigo de la transformación de Dziuché. Recuerda que, cuando tenía 15 años, el inmueble estaba prácticamente nuevo. Desde entonces, ha visto cambiar el paisaje de la comunidad, crecer las viviendas y llegar servicios que hoy parecen indispensables.

“Cuando yo salí aquí, tenía yo 15 años, ese edificio estaba casi nuevo”, recordó al calcular que la construcción tiene entre 60 y 65 años. Su testimonio permite dimensionar el valor de un inmueble que ha acompañado varias generaciones y forma parte de la memoria de la localidad.

Don Neno también recuerda una Dziuché muy distinta: apenas había seis o siete viviendas, no existía carretera ni electricidad. Él estuvo presente cuando se construyó la vía de comunicación y llegó el servicio eléctrico. Por eso, su memoria no solo cuenta la historia de un edificio, sino también la de una comunidad que pasó de ser un pequeño asentamiento a convertirse en la población que hoy conocemos.

La construcción destaca por su arquitectura, una forma de edificar que ya no es común en la actualidad. Su apariencia, sus materiales y su antigüedad la convierten en un inmueble singular en Dziuché y, por sus características, en una referencia poco común dentro del municipio. Sin embargo, el abandono y la falta de mantenimiento amenazan con borrar una parte de esa historia.

Antes de considerar su demolición, hace falta un diagnóstico técnico y un proyecto de rescate integral que permita evaluar su estructura, conservar los elementos originales y recuperar el edificio. También es necesario definir un uso que lo mantenga vivo: podría convertirse, tras los estudios correspondientes, en un espacio cultural, un recinto para exposiciones o un lugar dedicado a la memoria histórica de Dziuché.

Derribar puede resolver el problema de una construcción deteriorada, pero también puede significar la pérdida irreversible de un patrimonio que ya no podrá recuperarse. La pregunta no debería ser solamente cuánto cuesta mantenerlo, sino qué valor tiene para la comunidad y qué puede aportar si se rehabilita. A sus 75 años, don Neno ha visto desaparecer muchas cosas y cambiar otras tantas. Su testimonio recuerda que conservar este edificio es también preservar una parte de la historia de Dziuché.