Milpa maya enfrenta crisis por pérdida de saberes, migración y abandono institucional

La crisis actual de la milpa maya no puede entenderse únicamente como un problema de producción de maíz, sino como el resultado de décadas de abandono, migración y pérdida de conocimientos comunitarios, afirmó el ingeniero agrónomo, periodista y promotor de la cultura maya Bernardo Caamal Itzá.

Durante una reflexión sobre el maíz y la milpa, Caamal Itzá explicó que el sistema milpero representa mucho más que cultivar maíz, pues reúne diversidad de semillas, conocimientos, prácticas productivas y elementos culturales transmitidos entre generaciones. Sostuvo que diversos procesos históricos han debilitado esa relación entre las familias mayas y su territorio.

Recordó que, desde mediados del siglo pasado, con la llamada Revolución Verde, se impulsaron modelos agrícolas que, desde su perspectiva, menospreciaron el maíz nativo y desconocieron la relación entre la milpa y la cultura maya. A ello se sumaron la migración y la concentración de comunidades, procesos que, dijo, fragmentaron el tejido familiar y comunitario y redujeron la transmisión de conocimientos.

Caamal Itzá cuestionó también que durante décadas las instituciones gubernamentales hayan dejado de fortalecer el sistema milpero, mientras que fueron las propias familias y comunidades quienes mantuvieron la reproducción de semillas nativas. “Las semillas están todavía en 2026 gracias a todo el aporte de la familia maya”, sostuvo al referirse a la permanencia de estos conocimientos pese a la falta de recursos y acompañamiento.

Advirtió que las nuevas generaciones enfrentan una crisis de identidad cultural y una creciente erosión del conocimiento, además de los efectos del cambio climático sobre las temporadas de lluvia y las condiciones para cultivar. Consideró que recuperar la lógica del milpero implica diversificar cultivos y conocimientos, en lugar de depender de una sola alternativa productiva.

Para el promotor de la cultura maya, la celebración del maíz debe servir para replantear su valor como alimento, patrimonio y fuente de conocimiento. También llamó a recuperar el vínculo con las personas mayores, a quienes comparó con verdaderas bibliotecas vivientes, y sostuvo que las instituciones deben acompañar a los milperos sin apropiarse del conocimiento ni desplazar el protagonismo de las comunidades.