
Con maniobras temerarias, como si compitieran en una carrera, motos acuáticas -de renta y particulares- circulan a velocidades muy por encima del límite permitido en los canales de la laguna Nichupté, especialmente en la zona del canal Sigfrido y Jardín del Arte, poniendo en riesgo a pescadores, familias y hasta bañistas.
A pesar de que la navegación está restringida a un máximo de cuatro nudos (7.4 km/h), los conductores ignoran la señalización colocada en las columnas del puente Calinda y atraviesan el área a gran velocidad, sin considerar la presencia de personas en el agua o en las orillas.
Familias que acuden a pescar o convivir en la zona aseguraron que han estado cerca de presenciar accidentes, ya que hay quienes nadan de un lado a otro del canal o permanecen flotando a escasos metros de la orilla, mientras las motos pasan a toda velocidad.
Incluso, acusaron que, algunos turistas manejan mientras se graban con el celular o se toman fotografías, lo que incrementa el peligro en un tramo donde la falta de control y vigilancia es evidente.
El canal Sigfrido es una vía navegable de aproximadamente 1.5 kilómetros que conecta distintos ramales de la laguna Nichupté, atraviesa zona de manglar y desemboca en el mar Caribe, a la altura del Embarcadero de Cancún.

Es precisamente en un tramo de unos 300 metros donde se concentra el mayor peligro, tanto para usuarios de motos acuáticas como para turistas que las rentan o navegan en unidades particulares.
A exceso de velocidad, muy por encima de los cuatro nudos permitidos, los conductores realizan giros cerrados para enfilar hacia la salida al mar desde los canales cercanos al Jardín del Arte y la zona de la Marina, generando oleaje que impacta a otras embarcaciones que circulan con mayor precaución.
Los servicios de renta operan con guías que acompañan a los usuarios, marcan las maniobras con silbato y señas, y mantienen una velocidad moderada durante los recorridos grupales; además, exigen el uso de chaleco salvavidas, indispensable en un canal que alcanza hasta seis metros de profundidad.

El riesgo se concentra en quienes conducen unidades particulares sin equipo de seguridad y, en muchos casos, con ropa común que se vuelve pesada al mojarse, circulan sin control ni previsión. Algunos, incluso, manejan con el celular en la mano, reduciendo su capacidad de reacción.
Familias como la Durán Padilla, que acuden a pescar han sido testigos de incidentes. Uno de sus integrantes relató que un grupo de motos estuvo a punto de arrollar a bañistas que cruzaban el canal hacia el costado continental, a la altura del puente. También es frecuente ver personas nadando cerca de la orilla, frente a la zona hotelera.
“Nosotros venimos en familia a pescar y pasar el día; incluso mis hijas se meten al agua en la orilla mientras las vigilamos. Pero las motos acuáticas pasan a gran velocidad, generan oleaje que salpica fuera del canal, espantan a los peces y afectan a otras embarcaciones”, dijo.
“Ya hemos visto cómo casi atropellan a personas, como en Playa Gaviota Azul, y aquí podría ser peor: están dentro de un canal estrecho y un rescate sería complicado”, señaló.
Incluso, desde el destacamento, elementos de la Marina observaban el paso de las motos a alta velocidad sin intervenir, sin emitir señales ni advertencias para que redujeran la marcha.
Un pescador, con experiencia en Puerto Juárez, afirmó que estas unidades superan fácilmente los 20 nudos, es decir, más de 40 kilómetros por hora.
Aunque estas prácticas ocurren a diario, lo que alarma es la forma en que se realizan: sin precaución, sin control y con alto riesgo para todos.
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