La leña, todavía indispensable para muchas familias de José María Morelos, comienza a escasear en los montes cercanos, obligando a quienes se dedican a su venta a recorrer mayores distancias para conseguirla.
Don Adelaido Briceño, vendedor de leña, explicó que actualmente mantiene una venta aproximada de dos viajes diarios, equivalentes a unos 12 viajes por semana, pero conseguir la madera representa cada vez más trabajo. “Ahorita es más difícil porque ahorita casi no hay. Hay que meterse más”, relató.
El comerciante señaló que anteriormente había mayor demanda de jabín, pero esta especie ya es difícil de encontrar en las zonas donde trabaja. Ante la escasez, ahora recurren a otras maderas, entre ellas el ch’ulub, mientras amplían sus recorridos hacia sitios más alejados, incluso Santo Domingo, ubicado a varios kilómetros.
“Más difícil porque vamos más lejano. A veces cuando se quiera no hay leña”, explicó Don Adelaido, quien también reconoció que durante la temporada de lluvias se complica todavía más la actividad, por lo que los vendedores deben cortar y resguardar madera con anticipación.
La actividad también se mantiene como una fuente de abasto para las familias: Don Adelaido calcula que atiende alrededor de 12 clientes por semana en Morelos, mientras su hijo distribuye diariamente un viaje en Presumida. Estimó que en la cabecera municipal quedan alrededor de cinco personas dedicadas a la venta de leña.
Aunque el uso del gas se ha extendido, la leña continúa siendo una alternativa para cocinar y calentar agua, principalmente por su menor costo. Según el comerciante, un triciclo de leña puede durar desde aproximadamente dos semanas en hogares donde se utiliza todos los días, hasta un mes cuando se consume con menor frecuencia. Detrás de esta práctica cotidiana, sin embargo, hay una realidad cada vez más evidente: para llevar leña a las familias, primero hay que caminar y adentrarse cada vez más en un monte donde encontrarla ya no resulta tan sencillo.