Lo que comenzó como una promesa hecha desde el extranjero hace casi cuatro décadas se convirtió para Manuel Jesús Flota Carreña en una tradición de fe que año con año mantiene viva la devoción a San Miguel Arcángel, una práctica que también forma parte de la historia religiosa de su familia.
Manuel recuerda que en 1988, durante su estancia en Estados Unidos, pidió a San Miguel Arcángel que le concediera algo que consideraba muy grande. Al recibir aquello que había solicitado, decidió cumplir su promesa y, con el paso de los años, mandó pintar el altar dedicado al santo y realizó otras obras en la iglesia de Tihosuco, de donde es originario su padre.
Al regresar a Quintana Roo y comenzar en 2013 con su negocio de pollería, decidió ponerlo bajo el nombre de San Miguel Arcángel. Desde entonces, cada año ha mantenido la costumbre de realizar actividades en honor al santo, incluso durante los periodos en los que tuvo que regresar al extranjero.
“Esto más que todo es una gran devoción, una creencia muy grande que le tengo a San Miguel”, expresó Manuel, quien calcula que lleva entre 12 y 13 años realizando esta tradición de manera constante.
Para él, la celebración también representa una forma de agradecer. Este 29 de septiembre, como parte de la tradición, ofrece un rosario y alimentos a sus clientes y personas cercanas, una costumbre que, más allá de una celebración, representa el cumplimiento de aquella promesa que nació muchos años atrás.
Manuel reconoce que la devoción a San Miguel Arcángel trasciende a su familia y alcanza a numerosas personas de José María Morelos y otros puntos de la Península, quienes cada año se organizan para acudir a Tihosuco. “Mucha gente se organiza para ir, mucha gente que viene del extranjero igual llega a ver, mucha gente de Carrillo, creo que de toda la Península va a esta gran fiesta, a este gran día 29 de septiembre”, afirmó.
La historia de Manuel muestra cómo una promesa puede convertirse en herencia: una expresión de fe que comenzó con su padre y sus raíces en Tihosuco, que él hizo propia y que ahora mantiene viva año tras año, con la intención de que la tradición continúe mientras tenga fuerzas para hacerlo.