Pueblos casi fantasmas en Quintana Roo: Conoce las más aisladas y llenas de misterio

Quintana Roo es conocido por sus playas turquesa, hoteles de lujo y destinos vibrantes, sin embargo, lejos de la zona turística existen comunidades pequeñas, apartadas que hoy lucen como auténticos pueblos fantasmas.

No se trata de localidades totalmente abandonadas, pero sí de sitios donde el tiempo parece haberse detenido. Entre calles vacías, casas cerradas y caminos rodeados de selva, estos lugares se han convertido en una opción para quienes buscan turismo alternativo, misterio y experiencias distintas.

Punta Herrero: el Caribe escondido y silencioso

Ubicado en el municipio de Felipe Carrillo Puerto, Punta Herrero es una comunidad costera aislada que parece perdida entre la selva y el mar. Su acceso es complicado y su población es reducida, por lo que en ciertas temporadas el lugar puede sentirse prácticamente vacío.

Mary Elena

Mary Elena es una comunidad rural donde la migración hacia ciudades como Cancún y Playa del Carmen la han marcado. Muchos habitantes se han ido en busca de empleo, dejando atrás viviendas cerradas y calles con poca actividad.

Chun-Yah

Chun-Yah es otra localidad del centro del estado que, aunque sigue habitada, es conocida por su tranquilidad extrema. En ciertos horarios parece que el pueblo se apaga ya que hay pocas personas en la calle, comercios cerrados y un ambiente rural profundo.

Dzulá

En el municipio de José María Morelos se encuentra Dzulá, un poblado pequeño donde la vida transcurre con calma. Como en otras comunidades rurales, la migración ha provocado que algunas casas queden deshabitadas y que el movimiento sea escaso.

Para quienes gustan de la exploración y la fotografía, Dzulá ofrece paisajes rurales y una sensación de aislamiento que recuerda a los pueblos olvidados del sur de México.

Sabán: misterio, selva y tradición

Sabán es una comunidad con historia y fuerte identidad local, pero también con un ambiente que puede resultar inquietante para el visitante: calles tranquilas, poca iluminación en algunas zonas y la selva rodeándolo todo.

No es un pueblo abandonado, pero su atmósfera lo vuelve perfecto para una nota turística con toque de misterio. Aquí, la sensación es clara: la naturaleza domina el paisaje y el silencio pesa, especialmente al caer la tarde.

PORESTO