La miel diferenciada de Betania, un dulce legado que protege la vida y la tradición maya

En la comunidad de Betania, un grupo de apicultores encabezado por la emprendedora Elena Cen ha encontrado en la miel no solo una fuente de ingreso, sino una forma de preservar la biodiversidad y las tradiciones mayas. A través de la producción de miel diferenciada, los productores locales buscan destacar la riqueza de las floraciones de la región y dar un valor agregado a su trabajo.

“Somos un grupo de productores dedicados a la miel y sus derivados. Elaboramos jarabes, spray de miel con propóleo y miel diferenciada por floración”, explicó Cen. Cada productor separa su miel por mes de cosecha —de diciembre a junio— para conservar las particularidades de cada floración. Este proceso permite ofrecer un producto con aroma, color y sabor únicos, reflejo de la naturaleza que rodea a Betania.

Los apicultores están integrados a la asociación “Miel de Flores Mayas”, que agrupa a productores de 15 comunidades. Juntos trabajan bajo prácticas sostenibles y promueven el consumo responsable. “Queremos que la gente entienda que detrás de cada frasco hay un trabajo cuidadoso, desde la recolección hasta los análisis de laboratorio que verifican la calidad y las propiedades antioxidantes de la miel”, señaló la emprendedora.

Además de la miel tradicional, el grupo diversifica su producción con miel de pitahaya, de melipona y de abejas apis, entre otras variedades. Estas iniciativas, además de generar ingresos, fortalecen el papel de las mujeres y los jóvenes en la economía local. “La apicultura no solo nos da sustento, también es una actividad cultural que contribuye a conservar las abejas y el medio ambiente”, afirmó Cen.

El proyecto comunitario lleva por nombre “Fortalecimiento de la apicultura sostenible para la conservación de las abejas y del entorno”, una propuesta que combina conocimiento tradicional con técnicas modernas de manejo responsable. A través de ferias, festivales y capacitaciones, los productores promueven el consumo de miel pura y la importancia de cuidar los ecosistemas de la zona.

Desde Betania, los apicultores demuestran que la miel es mucho más que un alimento: es el fruto de un trabajo colectivo que honra la tierra, protege a las abejas y mantiene viva una herencia ancestral que florece con cada nueva cosecha.